Alba de América - 12 de Octubre (Antonio de Brugada)




 Opina Agencia Hispanoamérica

 

LA TONTERÍA SINIESTRA

 

 ¿En qué consiste ese ‘secreto masónico’, que al adepto no le revelan en el grado 1, ni en el 18, ni en el 33?   Consiste en la autoeliminación de la Masonería y eventualmente también del propio masón en un proceso revolucionario cuyas metas últimas éste ignora. 

           MAURICIO KARL, “Asesinos de España”

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ANNHA ofrece en esta edición una documentada hoja de ruta que permitirá al lector enterarse del destino que le han preparado, sin consultarlo, los “dioses”.  Pero no los jocundos pintorescos habitantes del Olimpo, ni el colérico Thor, ni los inquilinos del panteón romano, ni el “Anciano que no ha muerto nunca” de los pieles rojas,  porque todos esos poderosos señores sabían darse su lugar frente a la menguada condición de los mortales, en tanto que el “Gran Arquitecto” de la sociedad de los masones, de cuyo curioso ideario y antisociales costumbres aquí nos ocupamos, ha sumido al espíritu humano en tinieblas más densas que las que le imponía el viejo paganismo: no sólo nos quiere siervos, sino idiotas, y a través de sus enmandilados sostenedores corpóreos anuncia a las masas intelectualmente empobrecidas la alegre novedad de que nada ni nadie, ni siquiera el propio “Arquitecto” ni sus albañiles, los usureros que arman el Novus Ordo Seculorum, es superior a las propias masas embrutecidas, y que la humanidad ha perdido secularmente el tiempo elevando altares a deidades extrañas a sí misma, en lugar de adornar sus viviendas y ciudades con espejos, como sagazmente aconsejaba Papini.  

Faltábale esto a la democracia, y la Masonería nos lo ha dado, haciendo de esa religión electoral, ya no sólo un sistema político y social, como en tiempos idos, sino ahora una entidad cósmica, metafísica y sempiterna, como el Gran Arquitecto, de cuya grandeza todos podemos participar en gozosa promiscuidad. Todos dioses. Y si a alguno inquietare ese detalle del sepulcro, que parecería distinguirnos un poquito del Eterno, los Ministerios de la Verdad nos tranquilizarán con las alentadoras y veracísimas historias de la oveja Dolly, la reencarnación y los trasplantes de órganos, que garantizan esa eternidad apetecida –“aquí y ahora”, “préstamo instantáneo”, “lo quiero y me lo llevo” como en los convincentes mensajes de la mercadotecnia.

El mismísimo Satán ha pulido y modernizado sus métodos, porque si la sierpe a nuestros primeros padres sedujo prometiéndoles “seréis como dioses”, hoy advierte que el hombre moderno no se conforma con eso de parecerse a los dioses, inicua discriminación y despojo de nuestro derecho a la plena identidad divina que sagazmente profetizó --con cierta prisa que lo dejó ayuno de pruebas— aquel que Leonardo Castellani apodaba Telar Chardín.

Pero si bien es cierto que los hermanos Grimm –cuyos lectores eran infantiles, pero no infradotados--  no se habrían atrevido a llevar a la imprenta tan burdas historietas como las propinadas por la masonería a la sociedad profana,  hay que reconocer la sutil eficiencia de los métodos masónicos de dominación de pueblos y gobiernos. Procedimientos nada pueriles, cuyo eje es un menosprecio de la verdad tan absolutamente reñido con las apetencias innatas del espíritu humano –hasta de los más empedernidos infractores de las leyes divinas y humanas, cuya conciencia los acusa, aunque las desobedezcan—que delata claramente a aquél que fue magistralmente imputado de Padre de la Mentira.  Y cuya ilimitada desfachatez impide al honesto hombre común concebir siquiera que alguien ose mentir con semejante descaro.

La Masonería, proclamaba el masón anarquista Marcelino Domingo, es de un “radicalismo oportunista”. Radical en los fines, rígida y ocasionalmente feroz en su consecución, pero totalmente flexible en los medios, sin estorbos de moralidad, lo que le permite navegar cómodamente en la izquierda y la derecha y el centro, pintar de liberal, absolutista, demócrata, militarista, racista o antirracista,  internacionalista convencido o ultranacionalista fomentador de guerras contra estados vecinos liberados del cepo de la usura; reclutador de nostálgicos “neofascistas” con la P-Due, pío cultivador de “valores familiares” bajo la égida del “reverendo” Moon, ácrata delirante, quemador de templos desde la extrema izquierda o insuflador del “humo de Satanás” en instituciones religiosas que contamina con dosificadas alquimias dialécticas. Claro que en el contexto de un plan maestro que al masón de a pie no se le revela (y que al final muy caro le cuesta), por el que la vertiente que conduzca más eficazmente a la tiranía comunista obtiene siempre ese margen de discreta superioridad de medios que le permite prevalecer sobre las líneas de acción masónicas creadas al solo fin de controlar sin resquicios todo el espectro político y programadas para perder la partida cuando dejen de ser necesarias.  “Dirigir una línea de acción e infiltrar la contraria”.

El idioma es la víctima primera de esa mendacidad metódica.  “Libertad-Igualdad-Fraternidad”, palabras marmóreas que conmueven los corazones de los incautos que las tomen por su valor facial. Pero “Libertad” desentendida de su objeto connatural: la verdad y el bien, y reducida al supuesto derecho de atentar contra la naturaleza individual y social y desde luego perder la honra y la vida en el empeño. “Igualdad” que no implica respeto por la dignidad sobrenatural de toda persona, sino que alude al fin último –oculto a los propios adeptos—de la organización masónica: la perfecta igualdad de los más extremos vicios con los más excelsos modelos de solidaridad y entrega a Dios y al prójimo, igualdad que alcanza su máxima perfección en el Gulag comunista.  “Fraternidad”, que contrariamente a su definición, no consiste en el reconocimiento de la filiación común en un Dios creador, sino en un panteísmo que soliviantando toda lógica conduce a una genuina y no metafórica insanía.  Y así términos y conceptos a los que el sano juicio y la buena fe dan un sentido inequívoco y constructivo –“progreso”, “beneficencia”, “derecho”, “economía”, “solidaridad”, “trabajo”…-- son sistemáticamente vaciadas y dotadas de contenidos diversos y opuestos a los reales, para que las víctimas de la sustitución contribuyan a su propia ruina, creyendo servir sus propios intereses.

La documentación que aquí encontrará el lector ayudará a los desinformados a explicarse innumerables episodios y situaciones de la diaria actualidad local y nacional que resultan incomprensibles si se omite la acción de factores ocultos de poder. 

Pero además nos preguntamos si en un momento histórico como el actual, en que un plurisecular proceso de subversión contra la Fe Cristiana, la cultura y el arte cristianos, los principios sociales, políticos y económicos cristianos que sin negar la naturaleza, invitan al hombre a asomarse, dentro de las humanas posibilidades, a una realidad superior, en que ese proceso, decimos, ha alcanzado su pináculo y está a punto de desplomarse miserablemente y sucumbir bajo los escombros del edificio de ignominias levantado por su “Arquitecto”, tiene sentido práctico que los adeptos de la secta sigan desafiando su propia conciencia como agentes pertinaces de lo que Lacordaire (Conferencia 59) describía en términos que desgraciadamente se aplican a sus andanzas de logias: matar a sus naciones “de extenuación física y moral”.

                                                                     J. de Olarte

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